Recuerdos de niñez... (LA PIEDRILLA)

La escalera” es el título elegido por Getxo Zurekin para experimentar una campaña bajo el lema “¿Y si nos cuidamos más en esta escalera?” Pretende dar a las escaleras de comunidad, de vecindad, un espacio en el que se recupere ese espíritu en el que los vecinos y vecinas se prestaban pequeñas ayudas y cuidaban unos de otros. Así era en efecto hace algo más de medio siglo. Lo podemos evocar en un barrio cualquiera de Sestao, por ejemplo en La Piedrilla. ¿Por qué en éste? Porque en él tuvieron su origen  y se desarrollaron mis recuerdos de la infancia y mi primera mocedad.

En el libro sobre Toponimia de Sestao[1]no aparece citado el lugar, pero la historia no escrita nos dice que se conoce como La Piedrilla al recinto enmarcado por el grupo Pompeyo Pérez  (hoy José Miguel de Barandiaran Auzunea). Los portales de dicho grupo se asoman a los viales: Alameda Las Llanas (frente al estadio del Sestao Sport antes, ahora River), Doctor Ferrán, Blas de Otero (antes Vázquez Mella) y Nicolás Esparza. Eso sí, La Piedrilla pertenece a Albiz, reconocido como barrio según documentos de 1933[2]. Pensado para resolver el problema de la escasez de viviendas, la urbanización fue acometida en 1943 por la recién creada Obra Sindical del Hogar y el Ayuntamiento, que encargaron el proyecto al arquitecto municipal Santos Zunzunegui Echebarria[3]. Influenciado por los arquitectos ingleses[4], en cualquiera de las barriadas para obreros que proyectó, los domicilios tienen interiores acogedores, una distribución correcta y con los espacios necesarios para un hogar digno, viviendas a las que no faltaba su zona ajardinada. Este espacio es el que daba amplitud y facilidades para la convivencia, algo similar a las conocidas como Plazas Mayores, la plaza principal en las localidades castellanas e hispanoamericanas. Ese gran patio, abierto a dos de las calles citadas, junto a las escaleras que comunicaban los cuatro pisos, -en total ocho moradas de cada portal-, constituían el medio de convivencia vecinal. Cómo era el interior de las viviendas ya se describió en el relato titulado Mi Hogar.

Un sencillo cálculo nos puede mostrar la población que rodeábamos La Piedrilla en el año 1950. Son diecinueve portales de 8 pisos; si suponemos una media de 5 habitantes por piso (hoy posiblemente sean 3), nos sitúa en un total de unos 800 vecinos (Sestao tenía unos 20.000), de los cuales podemos aventurar que unos 300 seríamos menores de 10 años. Tratar de citar a todos sería un intento de eliminación de lectores por aburrimiento, pero para justificar los números anteriores me tomo la licencia de recordar a mis vecinos de escalera, a los del portal nº 5 (ahora nº 2). A la vez que vamos apareciendo en este relato, iremos incorporando anécdotas que demuestren como era la convivencia, tanto en la escalera como en el patio.

En dos de las fotografías de cabecera se aprecia a los vecinos convertidos durante unos días en jardineros aficionados. Hartos de que el Ayuntamiento no se implicase en acondicionar La Piedrilla, pusieron sus manos en herramientas adecuadas –pico, pala, azada y cestos- y reconvirtieron las piedras y piedrillas que habían arrasado a las plantas de los primitivos jardines, a su estado original, un vergel, tal como se muestra en la fotografía aérea actual. Trabajo comunitario, en equipo vecinal.

La planta baja de mi portal, el nº 5, estaba ocupado por la familia Sagastizabal Aguirre a la derecha y enfrente el cestero con Petra y Dorita. Los primeros eran cuatro hermanos –Josetxu, Luis Mª, Ángel Mª y Javier- que vivían con su madre, doña Pura, maestra de párvulos en la escuela de los bajos del Patronato y con su prima Mari Tere, que cuidaba de todos ellos. El que participaba en nuestros juegos, por edad, era Javier. Su vecino el cestero tenía cojera y se dedicaba a fabricar cestos de mimbre.

En los años más duros de la sequía en Sestao, los vecinos se pusieron de acuerdo para colocar una fuente comunitaria en el portal, bajo la escalera, y con un acuerdo verbal se repartía el escaso caudal en las horas en que llegaba el preciado elemento: el agua. Ello hacía que también fuese un espacio de parlamento vecinal.

En el primero los Areitio, Lucrecia y Mariano, y sus hijos Pedro y Artemio, soportaban una pesada carga familiar. Enfrente los Urkiaga –Iñaki, Esteban, Victor y Santi, jugador del Athletic – con Elvira como señora de la casa. En este hogar se celebraban las reuniones para cortar patrones de vestidos y escuchar la radionovela. También era con el hogar que más relación teníamos para intercambiar la tacita de arroz o el azúcar, cuando se necesitaba. Allí fue donde me afeitaron la barba lampiña por primera vez, con gran disgusto posterior de mi padre.

Por acuerdo no escrito, las dos manos de cada piso se encargaban de la limpieza de los tramos de escalera. Además de barrer, frotar bien la madera con agua, lejía, cepillo y arena.

Al descansillo del segundo accedían los Escobar y los Planillos-García: Jesús y Julia -profesora de francés en el colegio del Patronato- junto con sus hijos Jesús Ángel, Luis Alberto y Esther, ocupaban la mano izquierda. La condición de profesora de doña Julia y el que Jesús fuese tío del alcalde Saínz Planillos, no les daba un estatus especial entre los vecinos. De hecho, mientras la cigüeña dejaba a mi hermano Valentín en casa, sus tres hermanos estábamos en el piso de abajo, con los Planillos.

En aquellos años que era joven, no notaba el subir y bajar varias veces de la calle al último piso en que vivíamos -por supuesto que sin ascensor- la familia Fernández-Arriaga encabezada por Santiago y María y la descendencia que alcanzó el número de seis: Iñaki –el que suscribe-, Santi, Adita, Valen, Anabel y Bego. Compartíamos descansillo con los Rivero, Tasio y Sira, con sus hijos Ramón Ángel y Carlos.

En Getxo y otras localidades se suelen hacer campañas con el lema “Consuma en el pueblo”. En aquellos años, la compra de productos habituales se hacía en el barrio. La leche la traían a la puerta de casa, el pan se compraba  donde Felisa Garrigos, la escarabilla en la carbonería de Rosalía, la fruta en la tienda de Quintana y la mayor parte de los productos alimenticios en la Cooperativa de Empleados y Obreros Católicos de Sestao. Aquí, el gasto se apuntaba en una libreta nominal –la nuestra era la 171- con papel de calco entre hojas y el pago se hacía a final de cada mes. El aceite y el vino se servía a granel, en la botella de cada uno; no había bolsas de plástico –inventadas en 1958, comenzaron a usarse a partir de 1960- y el embutido y el queso se envolvía en papel de estraza. Si necesitábamos algo especial de madera, allí teníamos la carpintería de Moneo. Las fotos donde Rojo y los pantalones donde Paco Marañón[5], el sastre.

Son solo unas pinceladas del ambiente vecinal cotidiano en La Piedrilla, en la década de los 50´, similar al de cualquier otro barrio sestaotarra. Diez años después, el ambiente y las inquietudes de la chiquillería no habían cambiado mucho como se puede apreciar en La Montaña, obra de Edorta Pedrueza o en la de Charles Rivera, de título Aquella escuela, este pueblo: Sestao, en que describe el barrio de Kueto y alrededores. Todos los párrafos precedentes están circunscritos a los habitantes del nº 5. Pero en el nº 3 estaban Flora, los Saráchaga (Fernandito), los Cosme (Luisito y Mari Carmen, junto a su primo pepito), Velasco (Sergio y Ladis), Maritrini y Rodolfo, Luis Mª y Marisol –que morcillas hacía su madre Luz-,… Y en el nº 7, Manu y Miguel Ángel Pantxito, los Santamaría de Boni[6] y Amalia (Mª Ángeles, Toño, Roberto y Belén), los Santander (Ana Mª y Joserra),… Todos éramos participes de la colmena que constituía La Piedrilla.  

Por decoro y sentido común se puede decir el pecado, pero no el pecador. Cuando la dictadura se fue apaciguando se supo qué vecino era el encargado de facilitar a la policía información sobre las familias de la vecindad. No era un tema baladí, pues los certificados de Buena Conducta, necesarios para muchas gestiones oficiales –como becas- tenían su origen en esos informes no-oficiales.  

Este relato se ha hecho muy largo. Para la próxima semana, “La pizarra de Pantzeska”, continuación de los Etxegibel. Y luego otros vecinos de La Piedrilla, los de Nicolás Esparza, contarán el ambiente al otro lado del barrrio. Pasáis de 20.000 los lectores de estos relatos de mi niñez en  Sestao. Gracias sobre todo a los otros sitios que recogen historias y fotos de nuestro pueblo: Sestao en el recuerdo, No eres de Sestao si no…, SestaoTarras, y unos cuantos más. 

Iñaki Fernández Arriaga (Albiz, 1946)

 [1] Autor: Jorge Luis Tejedor (Ver Bibliografía)

[2] Páginas 55 y 56 de “Toponimia de Sestao

[3] Observaba el entorno y el ambiente que rodeaba a la edificación, procurando pensar en los inquilinos y buscando el decoro en sus trabajos.

[4] Observaron que a los inmigrantes del campo les venía bien la doble práctica del trabajo industrial y de la labor agrícola, la les servía para escapar psicológicamente del aspecto fabril.

[5] Lo suelo ver en el mismo lugar, siempre que voy a Espinosa de los Monteros (Burgos).

[6] Bonifacio Santamaría además de trabajar en El Ocaso por lo que era popular en el barrio, también lo era por formar parte de la  Banda Municipal de Bilbao.

ÍNDICE de Recuerdos de niñez y mocedad en Sestao-> ENTRAR

Fuentes e información -> BIBLIOGRAFÍA

Si deseas añadir información o que se corrija algún dato, escribe a ->CONTACTO

Sobre Iñaki Fernández Arriaga

Socio fundador de A.LA.CÓ., la primera asociación de Laborales de Córdoba.

Socio fundador de Aulacor, la asociación nacida del acuerdo entre responsables de A.LA.CÓ. y Ulacor.

Administrador de la web oficial de Aulacor hasta que fue injustamente expulsado y sin derecho a defensa.

Administrdor de esta web de PARANINFO.

Miembro del Consejo de Redacción de la revista PARANINFO.

Coordinador del libro 'RECUERDOS DE LA UNI'

2 comentarios

  1. Foto de sestao bizkaia

    Era así también en Txabarri, donde nací y viví: éramos màs que vecin@s. Yo podía comer, merendar o jugar en cada piso del número 33. Cada puerta era la de mi casa.????????????????

    (Mari Carmen Lestón)

  2. Foto de Iñaki Fernández Arriaga
    Iñaki Fernández Arriaga
    Podría ser cualquiera de los barrios de Sestao de hace más de 60 años, pero mis recuerdos más antiguos y arraigados transcurrieron ahí, en La Piedrilla de Albiz.

Deja un comentario

You may use these HTML tags and attributes: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>

Este sitio web utiliza cookies propias y de terceros para mejorar tu experiencia con el sitio web. Al continuar con la navegación consideramos que acepta su uso.