• Vista aérea parcial del barrio de Albiz

  • Infiernillo

Recuerdos de niñez... (Mi hogar)

El lugar donde un grupo de personas –también si es una sola- habita se conoce como hogar. Generalmente, en él existe la sensación de seguridad y calma. Este matiz es lo que puede que la diferencie del concepto de casa, que sencillamente se refiere a la vivienda física. El término hogar deriva del latín “focus” – “hogar”, es decir el lugar de la casa donde se preparaba el fuego; a su alrededor se reunía la familia para calentarse y alimentarse.

El tercer piso del portal número 5 de la calle Doctor Ferrán fue el hogar donde vine al mundo. Eso sucedió porque mis padres, Santiago y María, así lo decidieron. Llevaban tres años casados y antes de estrenar el piso de Sestao, habían vivido con mis abuelos maternos en Atxuri, en el callejón de la Encarnación. Los cinco hermanos –tres chicas y dos chicos- que me siguen también vieron las mismas paredes al nacer, salvo una que nació en el hogar de nuestros aitonas (abuelos) maternos, euskaldunes ambos.

En verdad, el portal 5, al igual que el 1, 3, 7 y 9 no tenían salida a la citada calle, sino a la otra parte, la que formaba parte del patio –más bien zona de jardines- de lo que hoy es José Miguel Barandiaran

El portal albergaba ocho viviendas, dos de ellas a nivel de calle, en la planta baja. Para subir a las restantes utilizábamos una escalera de madera, con rellanos para entrar en los hogares y descansillo entre pisos. En el capítulo dedicado al Vecindario irán apareciendo los personajes, de carne y hueso, que dábamos vida al barrio. Ahora toca mostrar el interior del hogar.   

El nuestro estaba en el piso 3º, mano izquierda, del citado portal nº 5. En el rellano, arriba, en el techo, estaba la puerta de acceso al camarote, donde iban a parar los trastos que ya no se usaban de formas ordinaria. ¿A quién pertenecía? Sé que hubo grandes debates vecinales sobre si era de uso exclusivo de los propietarios[1] de las viviendas superiores, las dos del tercer piso, o de los ocho vecinos. Pocas veces accedí a ese espacio, pero hacerlo era como entrar en otro mundo. Agachados, para no golpear la cabeza contra las vigas que sujetaban el entramado del tejado, pasábamos entre viejos juguetes y aparatos. Pero lo que siempre nos llamó la atención era un gran depósito de uralita –según mi hermano Santi, con capacidad para 300 litros- y que nunca supe cómo se pudo subir y ubicar en ese lugar. Tenía mucho que ver con el gran problema de escasez en el abastecimiento de agua potable que padeció Sestao durante más de una década. Seguro que lo tratamos en el capítulo sobre el Vecindario.  

Antes de detallar como era nuestro hogar entre sus paredes, me permito hacer un pequeño bosquejo del urbanismo en Sestao en esa década de 1940. Para ello he leído con detenimiento una obra de Gorka Pérez de la Peña[2], de la cual he sacado el siguiente resumen. Desde 1900 a 1940, Sestao casi duplicó su población; de 10.803 a 18.625 habitantes. Poco terreno edificable, sin urbanizar y sin financiación pública para edificar. En 1921 y 1924 se publican las leyes sobre Casas Baratas que incentivan la construcción de viviendas accesibles a los trabajadores, aunque no a todos. Así nacieron las cooperativas de La Unión (1923), La Humanitaria (1924), La Protectora (1929) y La Aurora (1930). Una de las pretensiones de la citada Ley era la de controlar socialmente a los obreros, convirtiéndolos en propietarios de sus viviendas.

¿Qué pasaba con Albiz? En 1922 una promotora privada[3] planteó la construcción de una ciudad-jardín en el espacio comprendido entre la Alameda Las Llanas, Blas de Otero (en ese tiempo Vázquez Mella), Doctor Ferrán y Asunción Menéndez, con capacidad para 180 viviendas, pero el proyecto no se llevó a cabo, por lo menos en lo más importante. Sin embargo, se urbanizó una parcela y en la misma, en 1943, la Obra Sindical del Hogar construyó 152 viviendas en la parcela comprendida entre Doctor Ferrán, Blas de Otero (en ese tiempo Vázquez Mella), Alameda Las Llanas y Nicolás Esparza[4]. Estaba también prevista una escuela, pero fue sustituida por otros 3 portales, en el centro de la parcela. Tal como se menciona literalmente en la página 122 del libro que estamos tratando…”Las viviendas, que tienen una reducida superficie, se benefician de unas excepcionales condiciones de soleamiento y aireación tanto por su orientación a doble crujía[5] como por su apertura a un parque urbano de gran formato”. Se refiere a “La Piedrilla”. El arquitecto fue Santos Zunzunegui Echebarria, aunque falleció antes de finalizar las obras.                

El acceso al hogar de mi familia se hacía atravesando una puerta de madera con una cerradura sencilla. En su parte superior tenía la mirilla, pequeño hueco circular con unas barritas horizontales metálicas que se descubría o tapaba mediante una chapa giratoria. Permitía ver a la persona que llamaba a la puerta usando la aldaba[6]. Nada más entrar, a la izquierda, a la altura de la puerta estaba el “contador” de la luz que llegaba con 125 voltios de tensión. En esos tiempos no se usaba el disyuntor y la seguridad contra sobretensiones estaba encomendada a los “plomos”. Los primeros años de mi existencia, además de las bombillas, el único aparato que consumía energía eléctrica en la vivienda era el voluminoso aparato, conocido como la ”radio”, llena de válvulas, con su inseparable “voltímetro”. Luego recuerdo algún “infiernillo”, que se destinaba para calentar líquidos en pequeños recipientes.

El pasillo comenzaba en la puerta de entrada y terminaba en el acceso a uno de los tres dormitorios. El primer hueco, a la izquierda, era la entrada al retrete; luego, a la derecha, el salón-comedor –solo cumplía este fin en días señalados- que se usaba como sala de lectura y para hacer los deberes de la escuela primero, y luego los colegiales de Bachiller (incluso la usé para dar clases particulares de Geometría Descriptiva a futuros Peritos Industriales, pero eso sucedió en 1966). Nada más atravesar un arco en el techo del pasillo, a la izquierda estaba la entrada a la cocina, donde trabajaba sin parar nuestra amatxu; allí cocinaba, fregaba, limpiaba,… y mataba y desplumaba los pollos en Navidad.

El retrete era rectangular y estrecho con una ventana orientada a la calle doctor Ferrán. Inicialmente, antes de reformas posteriores, constaba de un hueco a modo de ducha veneciana, un lavabo y un inodoro bajo la ventana. Sobre él, la cisterna, de la cual colgaba la cadena para vaciarla. Eso en tiempos normales, ya que en las temporadas de sequía no llegaba el agua al hogar por las tuberías y había que subirla en baldes de zinc desde la calle.

La sala era espaciosa y luminosa a través de un mirador compuesto de tres ventanas que subían y bajaban mediante guías. Daba al espacio interior de la barriada, a modo de gran patio abierto, al que siempre hemos conocido como “La Piedrilla”. Todos los grandes acontecimientos de Albiz tenían lugar en este espacio, desde los partidos de futbol de los domingos por la mañana, hasta la “sanjuanada”. Una gran mesa de madera auténtica, cuadrada aunque se podía hacer rectangular extrayendo unos tableros escondidos bajo la mesa, presidía la sala. Limitados por las paredes de ambos lados de la mesa central había unos aparadores, que hacían juego con la ornamentación de la mesa y alojaban la vajilla, cubertería, mantelería y otros objetos especiales del hogar.

De la cocina ya escribimos algo en el capítulo sobre la lavadora. A mano izquierda, detrás de la puerta, compartiendo tabique con la ducha del retrete, estaba una alacena con baldas. En su parte inferior, una maleta de madera y la caja de herramientas. Este armario de construcción hacia tabique con la cocina de carbón que hemos descrito en el capítulo de la lavadora. A continuación dela cocina, la “carbonera” y la fregadera. Como su nombre indica, en el primero de los huecos, se almacenaba la escarabilla[7], a la cual acompañaban cantidad de desagradables cucarachas. Enfrente de la puerta, al otro lado, el balcón, pequeño pero cumplía su misión principal: colgar la ropa lavada, además de airear la casa. Espléndidas vistas al Serantes, Repélega y a los montes de Triano. Delante solo estaban los chalets bifamiliares edificados en 1925.       

En la obra original de la vivienda, después de la sala había un espacio diáfano con el pasillo; posteriormente mis padres, a medida que traían hijos al mundo, convirtieron el espacio en una tercera habitación mediante un tabique de ladrillo. En 1960, cuando he previsto el límite de estos “Recuerdos de niñez y mocedad” en el hogar estábamos 8 personas, entre 2 y 47 años. ¿Cómo nos repartíamos el espacio? La superficie útil era inferior a 70 m2. Hablaremos del “contenido” humano (del hogar) en otro capítulo; ahora lo hemos hecho del “continente”.

[1] Realmente los pisos pertenecían a la Obra Sindical del Hogar, y los vecinos los usaban en régimen de alquiler. Posteriormente, en la década de los 80´ dieron la opción de compra.

[2] Nieto del recordado maestro don Saturnino de la Peña, ha escrito entre otras obras, “Guía de Arquitectura urbana de Sestao

[3]Sociedad de Propiedades Urbanas, constituida por los  Hnos. Calvo y el arquitecto Hermenegildo José Murga.

[4] Director de la Escuela de Artes y Oficios de Sestao, mencionado en el artículo sobre el Colegio Español.

[5] En este sistema, el pasillo que da acceso a todos los huecos de la vivienda, sitúa a éstos con salida a las dos fachadas, permitiendo una aireación controlada.

[6] Mari Carmen Garoña, en el relato (DES)-IGUALDAD cita como todos los domingos daba brilla a la aldaba y al pomo, así como a otros objetos metálicos del hogar, como los grifos o la barra de la cocina de carbón.   

[7] Restos de carbón que se recogían junto a las vías de los ferrocarriles de las cuencas hulleras.

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Fuentes e información -> BIBLIOGRAFÍA
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Sobre Iñaki Fernández Arriaga

Socio fundador de A.LA.CÓ., la primera asociación de Laborales de Córdoba.

Socio fundador de Aulacor, la asociación nacida del acuerdo entre responsables de A.LA.CÓ. y Ulacor.

Administrador de la web oficial de Aulacor hasta que fue injustamente expulsado y sin derecho a defensa.

Administrdor de esta web de PARANINFO.

Miembro del Consejo de Redacción de la revista PARANINFO.

Coordinador del libro 'RECUERDOS DE LA UNI'

5 comentarios

  1. Foto de sestao bizkaia
    * accesorios de la puerta de entrada (mirilla, pomo y aldaba)
    * contador de la luz
    * distribución inicial, de obra, de las habitaciones.
    * sistema de llamada a los vecinos desde la aldaba del portal.
    * alumbrado de la escalera.
  2. Foto de sestao bizkaia

    En la cocina de carbón había dos piezas a las que sacaba brillo -con Sidol- todos los domingos: la barra delantera donde se secaban los trapos de cocina y la tapa del depósito de agua. Ambos eran de latón dorado.

    (

  3. Foto de Jesús Garrido del Pozo
    Jesús Garrido del Pozo
    Tal como iba leyendo, con la detallada delicadeza que lo haces, me fue recordando mi hogar de la calle Cerco de Oviedo, n. 1 de ÁVILA, dónde nos trasladamos en 1954, cuando tenía 9 años. Era un portal de los 4 que tenía el bloque, parecido a otros cuántos y el nuestro era un 5º piso, de 70 m.2, dónde habitábamos, en perfecta armonía, 4 hermanos, 5 hermanas, los padres Marcelino y Gonzala y la abuela Antolina, algunos años hasta que falleció. Disponía de entrada, despensa, cocina, salón, baño y tres habitaciones. Nuestro Hogar siempre fue eso, y además abierto todo el día. Solo tenías que tirar de la cuerda del pestillo y adentro. Por ello siempre había amigos, vecinos y familiares y todos eran acogidos con buena alegría y solidaridad. Cuánto me ha gustado tú relato, parece que tenemos más en común de lo que conocía, que ya era mucho, pues no en cabo fuimos muy amigos y en la distancia lo seguimos siendo. Un abrazo
  4. Foto de sestao bizkaia
    Me recuerda Luis Garoña que la actual calle Blas de Otero, antes era Vázquez Mella. Lo corregimos.
  5. Foto de Iñaki Fernández Arriaga
    Iñaki Fernández Arriaga
    En este nuevo capítulo, además de tratar de reflejar como era nuestro hogar en cuanto a vivienda y espacio físico, pretendo hacer un poco de historia sobre el urbanismo en Sestao en aquellos tiempos de posguerra en los que nos tocó vivir.

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