Recuerdos de niñez y mocedad en Sestao (2º de Primaria)

El amigo Amadeo se plantea frecuentemente RETOS para mejorar sus dotes artísticas; a mí me pasa algo parecido con nuevos proyectos para exportar lo que me ronda por la cabeza. El que acabo de comenzar llevará por título el que se muestra en la cabecera de este artículo, el cual es un homenaje al gran don Miguel de Unamuno y Jugo. He leído muchas obras de él –novelas, ensayos, filosofía, poesía, viajes,…- pero la que releo a menudo, con cariño y nostalgia, es la que escribió en 1908 y a la que tituló “Recuerdos de niñez y mocedad”.

Me he propuesto dos objetivos principales: estimular la memoria -ya me doy cuenta de que ha comenzado su declive- y concitar la socialización de esos recuerdos infantiles entre los sestaotarras que los compartimos. De momento ya hay medio centenar que se han mostrado interesados en participar y, curiosamente, son todos con los que he logrado contactar. Hace un par de días le he mostrado las ideas del proyecto a Rosa Fíncias, la  monitora de estimulación a la Memoria de AJANE –Asociación de Mayores de Algorta/Getxo-, y está estudiando la posibilidad de adaptarla a sus alumnas y alumnos. Estoy consultando una amplia bibliografía, sobre todo relacionada con el Sestao de esos años. El último descubrimiento son los trabajos de Charles Rivera Olaskoaga, muy íntimos, pero que aportarán nuevos datos para contrastar mis recuerdos.   

Poco a poco, mostraremos cómo era la primera lavadora que apareció en nuestro hogar, y luego el primer frigorífico, el teléfono, la voluminosa televisión enblanco y negro,… Cómo era la vecindad, los juegos infantiles, la escuela de pizarra y pizarrín con la Enciclopedia Álvarez. Pero todo ello con pinceladas humanas, con añoranza sin duda, con detalles y datos históricos que nos permitan comprobar cómo han cambiado los tiempos en setenta años. Y pongo este número porque pretendo abarcar desde 1946, en que fui un vecino más de Sestao, hasta 1960 en que salí rumbo a Córdoba para estudiar en la Universidad Laboral de Córdoba.        

A modo de ejemplo, un esbozo de uno de los capítulos, el dedicado a la enseñanza. Toda colaboración será bienvenida.

Se acabaron las vacaciones de verano de 1954. ¡Qué rápido han pasado! Vuelvo a la escuela de Carlos VII, pero un curso más adelantando. Me toca en segundo, con don Julián ¿Murgoito? Le conozco porque es vecino; vive en el bloque de viviendas de delante y nuestras ventanas están casi enfrentadas. Su mujer es doña María, la directora de las clases de las niñas en la misma escuela del “Casco”, o Carlos VII. Según sus vecinos, antes de casarse, doña María era la profesora de don Julián. Éste era un hombre corpulento y con un grave problema de visión, el cual trataba de compensar con unas gafas grandes de cristales muy gruesos. Aun así, leía con dificultad, con el libro o el cuaderno pegado a su prominente nariz. Esa carencia física y su bondad, le hacían ser víctima de bromas y chanzas de sus alumnos. Para mí, fue un buen maestro y creo que también le caía bien. No sólo porque me puso en el primer pupitre, sino que me regaló al final del curso un libro titulado “Lecciones de cosas” que aún conservo con cariño; tiene muchas hojas rotas, prueba de que fue muy usado.  

Las directrices en la enseñanza se basaban en: obediencia a los maestros, memorización, silencio en el aula y disciplina con castigos físicos. “Sólo se sabe lo que se recuerda, y para recordar hay que aprender de memoria”[1] Las maestras y maestros que ejercieron durante la República habían sido depurados. Catecismo, Religión Católica y Formación del Espíritu Nacional eran asignaturas fundamentales. Por otra parte, aunque la cartilla de racionamiento había sido abolida dos años antes, la alimentación elemental todavía no se había normalizado. Y entonces sucede…

Situemos ahora la escena en la mañana de un día cualquiera de primeros de diciembre. Ya se notan los rigores del invierno y estamos ansiosos de que lleguen las vacaciones de Navidad. Como todos los días, hemos recibido a don Julián de pie, dándole los buenos días. Después le hemos entregado los cuadernos con los ejercicios que hemos hecho en nuestras casas. Mientras los corrige leemos la nueva lección de geografía en la Enciclopedia Álvarez[2]. Poco a poco llega la hora del ansiado recreo, pero no salimos a la calle. No solo porque está lloviendo, sino también porque desde hace unos días participamos en un acto inusual: el segundo desayuno. Sentados en el suelo de madera, alrededor de una estufa de leña, tipo francesa[3], instalada en medio del amplio pasillo, esperamos el turno en el reparto de la leche caliente y trozos de queso procedentes de la ayuda americana. La leche se elaboraba con leche en polvo y tenía un extraño sabor pero se agradecía. El queso venía en unas grandes latas cilíndricas –a veces como un prisma cuadrangular- que llevaban el emblema de la ayuda: dos manos estrechándose con el fondo de la bandera norteamericana[4].

CONTINUARÁ

 [1] Respuesta de Antonio Álvarez, con 76 años, a una pregunta sobre su método de enseñanza: “Sólo se sabe lo que se recuerda, y para recordar hay que aprender de memoria. La memoria es una facultad que hay que cultivar, sobre todo en la infancia. Hay quien dice que es la inteligencia de los tontos. Le responde un filósofo: bueno, eso es lo que dicen los tontos que no tienen memoria”.

[2]El autor de la  Enciclopedia Álvarez fue el maestro zamorano Antonio Álvarez Pérez que editó su primer libro en 1952. Hasta 1965 se siguió publicando dividida en tres grados, Primero, Segundo y Tercero,  complementándose con “El Parvulito” e “Iniciación Profesional”.  Compitió con otras enciclopedias de la época como la de  Bruño o la de Luis Vives. La enciclopedia contenía materias como Historia de España, Historia Sagrada, Evangelios, Lengua Española, Aritmética, Geometría, Geografía, Ciencias de la Naturaleza, Formación Familiar y Social, Higiene, Lecciones Conmemorativas, conmemoraciones escolares y para niños Formación Político-Social, y para niñas Formación Política.

[3]La chimenea era de hierro fundido, ubicada en medio del pasillo. Estas chimeneas son muy eficientes pues radian el calor en todas las direcciones, el cual se desprende no sólo del habitáculo donde se quema el carbón, sino también de la superficie del largo tubo de salida de humos

[4]España había solicitado ayuda al Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF). Una vez concedida bajo la denominación de ASA –Ayuda Social Americana- se repartió a través de Cáritas a las escuelas públicas desde 1954 a 1968. Consistía en leche en polvo y queso de bola, procedente de los excedentes alimentarios de EEUU. En total, 3 millones de litros de leche.  

Sobre Iñaki Fernández Arriaga

Socio fundador de A.LA.CÓ., la primera asociación de Laborales de Córdoba.

Socio fundador de Aulacor, la asociación nacida del acuerdo entre responsables de A.LA.CÓ. y Ulacor.

Administrador de la web oficial de Aulacor hasta que fue injustamente expulsado y sin derecho a defensa.

Administrdor de esta web de PARANINFO.

Miembro del Consejo de Redacción de la revista PARANINFO.

Coordinador del libro 'RECUERDOS DE LA UNI'

3 comentarios

  1. Foto de Máximo Martínez Román
    Máximo Martínez Román

    Encomiable empeño, ahora que no sabemos muy bien donde vamos, rememorar de donde venimos. Seguro que vas a dedicar muchas horas para hacerlo con rigor y que objetivarás lo subjetivo.

    Me gustaría hacer una referencia de pasada a dos menciones.

    Las enciclopedias Álvarez que mencionas de uso en “colegios nacionales” Los libros de la editorial Bruño que, junto con los de editores regionales, creo se estudiaban en los “institutos nacionales de enseñanza media” y los de la editorial Luis Vives “Edelvives” que eran los oficiales de la enseñanza privada en los colegios maristas (alguno debo tener en el baúl de los recuerdos) que eran de una encuadernación de mucha calidad con pastas duras. Cada congregación religiosa, -maristas, salesianos y jesuitas principalmente-, para sus colegios creo que tenían su propia editorial así el negocio era mayor.

    En relación a la leche en polvo y el queso enlatado referir que, en el pueblo en el que yo nací, en la zona de Sierra Mágina en la provincia de Jaén*, alegando incompatibilidad con el gusto, allí se bebía leche de cabra, algunos niños aleccionados por sus padres rechazaban tomar sobre todo la leche su ingesta era “obligatoria” para boicotear lo que se consideraba una limosna a cambio de la perdida de nuestra soberanía (esta ayuda se estableció por los pactos de Madrid de 1953. Bases militares)

    *La situación económica y por tanto alimenticia era desigual en las zonas rurales a los pueblos grandes y ciudades en los que el acceso a la agricultura y la ganadería propia no existía.

  2. Foto de Ramon Fernández Polo
    Ramon Fernández Polo
    Me dijo uno de los mejores maestros que tuve : La cultura es aquello que resta después de haber olvidado ' . Por consiguiente, cuanto más memoria más cultura.
  3. Foto de Iñaki Fernández Arriaga
    Iñaki Fernández Arriaga
    Sigo haciendo ejercicios mentales. Ahora se me ha ocurrido dar salida a los que conservo de mis años infantiles en Sestao, mi querido pueblo.

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