Recuerdos de Sestao... (Nos entendíamos)

Como he dejado escrito en varias ocasiones, el límite cronológico de estos relatos lo tengo establecido en 1960, ya que a finales de septiembre de dicho año me fui al sur a estudiar[1]. Me tocó la Universidad Laboral de Córdoba donde me alojaron en un dormitorio con seis camas y otros tantos armarios roperos. Por cuestión de apellidos, de los seis compañeros coincidí con José Luis Fernández Arnaiz –oriundo del barrio tomatero bilbaíno y ahora vecino mío en Algorta- al cual conocí al subir al autobús que nos llevó de Bilbao a Córdoba en solo 19 horas. Uno de los primeros días en la nueva habitación, un animalillo cruzó raudo el suelo con sus cuatro patas y larga cola y se escondió en uno de los armarios.
 
-         Un sagutxu[2]- exclamé. Todos salvo el deustoarra José Luis me miraron sorprendidos, ya que no entendían que era un sagutxu.
 
A los pocos días, en el taller de carpintería le dije a uno de los compañeros con buzo.
 
-         Jesús, ayúdame a recoger la txirlora[3]- De nuevo vi reflejada la extrañeza en la cara de mi amigo. Él no sabía que me refería al mismo material de desecho que meses antes, en Albiz, íbamos a pedirle a Moneo, al de carpintería del mismo nombre, unos sacos para quemarlos en la sanjuanada[4].
 
Una de las formas de comunicarnos que tenemos los humanos es el lenguaje oral, el de las palabras. Y las primeras voces se van aprendiendo escuchando a los que rodean al niño, o la niña, que nadie se enfade por cuestión de género. En la década de los 50 la continua llegada de emigrantes procedentes de Galicia, Castilla y Andalucía, con sus peculiaridades lingüísticas, enriqueció el vocabulario de los párvulos, más permeables a lo cotidiano.
 
Cuando jugábamos al txorromorro[5], era conveniente coger bolida[6] para que el salto sobre los sufridos agachados fuera más efectivo. Luego venía lo de preguntar ¿chorro, morro, pico tallo o qué?
 
En alguno de los primeros artículos publicado contaba cómo era el desayuno tradicional en mi hogar: sopas de pan –el que había sobrado de días anteriores- remojadas en leche de vaca auténtica y aguachirri[7].
 
En los tres capítulos sobre los juegos creo que no tuvimos en cuenta el de la peleas a burrucuchus[8]emulando las lides de los caballeros medievales. Tampoco el del esconderite[9], en el que usábamos la frase: “Por mí, y por todos los demás”. A veces, el que estaba castigado, aunque las reglas no escritas del juego no le permitían mirar, hacía trampas gilando[10] por debajo de la venda.
 
Eso sí, en las carreras, el que llegaba el último era el puchi cagalera[11]. Pero cuando el tiempo se ponía bravo y jarreaba[12], ni con el choto[13] era suficiente para seguir jugando. Quizás con el recién inventado plexiglás[14] sí.  Pero esa agua caída del cielo era bueno para que salieran las chibiritas[15] en las Camporras de Aizpuru. Para evitar el frío y el tsirimiri[16]también nos venía bien la txamarra[17].
 
Había días que uno se levantaba larri[18] y otras veces pistojo[19]; pero sin llegar a quedarte neque[20],  mucho menos pampurr[21].
 
En alguna ocasión oímos en la “Piedrilla” –donde pasábamos más tiempo que en casa- de alguna vecina que si seguía así, se iba a quedar birrocha[22].
 
Las calles en cuesta, como el comienzo de Doctor Ferrán, o Nicolás Esparza, reunían las condiciones para las carreras de goitikbera[23] –beratik-goi sería imposible con esos artilugios-, ya que ninguna de ellas tenía ni asfalto, ni circulación rodada, salvo en contadas ocasiones el camión de limonadas con iturri[24] o el taxi de Martín Quintana, que parecía un haiga[25].  
Recuerdo a Txutxin que ayudaba en la tienda de Martín Quintana pidiéndole el ogerleko[26]; los peques nos conformábamos con la perragorda[27] y también con la perrachica[28].   
Cuando todos los de la cuadrilla nos ajuntabamos[29], contábamos txirenadas[30] como los del botxo[31]. Y si algún sinsorgo[32]se salía de tono igual recibía un plastazo[33]o también un sordabiron[34]. A los coitaos[35] y txotxolos[36] se les perdonaban más sus fallos. De otro estilo eran los ganorabakos[37] y artaburu[38]
 
Ahora es barato comer mojojones[39], pero imposible las angulas. Recuerdo la canción que decía: “entre las angulitas había un mokordo[40],…”. Sin embargo la pirrilera[41]no deja el mismo desperdicio.     
 
La solitaña[42] era uno de nuestros animalitos preferidos, pero pongamos punto y final a este conjunto de palabrejas,  recordando cuando hacíamos sirris[43] en algún rincón alejado de las farolas.  
 
[1] La solicitud de mi padre en la Mutualidad Siderometalúrgica fue atendida  me concedieron una beca para estudiar en una de las cinco Universidades Labores que el ministerio de Trabajo, no el de Educación, había construido para que los hijos de los obreros fuesen educados e instruidos en los principios del Movimiento. Lo anterior no es una invención de este articulista, sino que está documentado oficialmente.
[2] Del euskera, ratoncito
[3] Del euskera, viruta de la madera.
[4] Hoguera en la fiesta de San Juan
[5] Nombre reducido del juego “Chorro, morro, pico, tallo o qué”
[6] Expresión que significa “coger carrerilla”
[7] Café muy aguado hecho en la chapa de la cocina con un colador dentro de agua hirviendo
[8] Juego de guerreros montados a horcajadas sobre los que hacían de montura
[9] Juego del escondite
[10] Mirar haciendo trampa
[11] Expresión despectiva hacia el perdedor
[12] Llover a cántaros, diluviar
[13] Prenda para no mojarse la cabeza cuando llueve
[14] Prenda impermeable al agua
[15] Equivalente a la Margarito, de nombre científico Bellisperennis
[16] Llovizna fina o calabobos
[17] Chaqueta de paño burdo (aportación de Maripachu Fernández) 
[18] En euskera, estar con malestar físico
[19] Con legañas en los ojos
[20] Muy cansado
[21] Ataque de enfermedad súbita
[22] Futura solterona
[23] En euskera, de “arriba abajo”. Aparato construido con tres maderas y tres rodamientos como ruedas.
[24] Tapón metálico de las botellas con agua de Iturrigorri, el manantial bilbaíno de agua ferruginosa que nace a los pies del Pagasarri
[25] Denominación de los grandes coches casi siempre procedentes de América.
[26] En euskera, duro o 5 pesetas. Hoy en día en Aiala (Alava), se usa como moneda legal en paridad con el euro. Trata de fortalecer el comercio local.
[27]Equivalente a 10 céntimos de peseta
[28] Equivalente a 5 céntimos de peseta
[29] Después del enfado nos volvíamos a hacer amigos, nos ajuntabamos
[30] Anécdotas y relatos alegres con un toque de ironía  
[31] Habitantes de Bilbao, de la capital.
[32] Informal, soso, sin interés, o que intenta hacer gracia y no lo consigue
[33] Golpe dado en la cara con la mano abierta del contrario
[34] Tornavirón o golpe de revés dado en la cara o en la cabeza. (aportado por Elena Vicente)
[35] Persona un tanto bobalicona o bonachona
[36] Un poco tontorrón o embobado
[37] Persona distraída que hace las cosas sin mucho fundamento. Del euskera ganora=destreza y bako=sin (aportación de Mari Carmen Lestón)
[38] Literalmente en euskera “mazorca de maíz”, pero se utiliza mucho para llamarle a alguien tontorrón. (aportación de Mari Carmen Lestón)
[39] Mejillones Mytilusedulis
[40] Producto de la defecación humana
[41] Defecación líquida o cagalera
[42]Mariquita de nombre científico Coccinellaseptempunctata. Mi admirado Miguel de Unamuno tituló una de sus numerosas obras como “Solitaña”, nombre de su protagonista Don Roque de Aguirregoicoa y Aguirrebecua, un carlista de temperamento pacífico.
[43] Hacer carantoñas, Del euskera Zirri

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Sobre Iñaki Fernández Arriaga

Socio fundador de A.LA.CÓ., la primera asociación de Laborales de Córdoba.

Socio fundador de Aulacor, la asociación nacida del acuerdo entre responsables de A.LA.CÓ. y Ulacor.

Administrador de la web oficial de Aulacor hasta que fue injustamente expulsado y sin derecho a defensa.

Administrdor de esta web de PARANINFO.

Miembro del Consejo de Redacción de la revista PARANINFO.

Coordinador del libro 'RECUERDOS DE LA UNI'

2 comentarios

  1. Foto de sestao bizkaia

    A Maripachu Fernández le gustaba la TXAMARRA.

    Y cuando Elena Vicente se ponía TXOTXOLA igual recibía un SORDABIRÓN

  2. Foto de Iñaki Fernández Arriaga
    Iñaki Fernández Arriaga

    Txineradas no solo las hacían los del botxo, ni tampoco eran los únicos en lanzarse pr las cuestas con la goitikbera. Si te levantabas un poco larri y pistojillo, el desayuno der sopas con aguachirri te levantaba el ánimo. Así también nos entendían y entendíamos.

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