IN MEMORIAM DE ANTONIO RODRÍGUEZ MERINO

Supone todo un honor, recordar en unas resumidas líneas, la trayectoria vital de mi amigo y cuñado Antonio Rodríguez Merino.
            Nació en Córdoba en agosto del año 1942 y ha fallecido en San Andrés de la Barca (Barcelona) el 8 de mayo de 2020.
            Sus padres, Antonio y Soledad, le inculcaron desde muy pequeño valores humanos tan básicos pero a la vez tan importantes, como la generosidad, el esfuerzo y el amor a la familia. Junto a él crecieron tres hermanas, muy queridas por él, Rafi, Sole y Manoli. Aunque también llegaron a conocer a un hermano, el más pequeño que desgraciadamente falleció con sólo cinco meses.
            Siendo muy jóvenes los cuatro, fallecieron sus padres, primero Antonio en 1949 y después Soledad en 1955, quedando huérfanos y acogidos por los familiares más cercanos. Manoli, la más pequeña tenía entonces once años, y Antonio trece.
            Pasado el tiempo habitual de los estudios primarios, Antonio entró a trabajar en la ImprentaSan Pablo, situada en la misma calle, ya que el propietario era su tío, Francisco Ruiz impresor a la sazón,  en el Diario Córdoba.
            Después de esta experiencia laboral, entró como interno en la Universidad Laboral de Córdoba en 1956, en la que estuvo hasta conseguir el título de Aprendizaje Industrial, en TORNO Y FRESA.
            Fue un buen alumno, Serio y siempre interesado en formarse más y mejor.
            En cuanto a los deportes, se especializó en carreras de fondo, bien en pista o campo a través. También le gustaba rasguear la guitarra. Asimismo era un practicante de la bici, pues disponía de una de “carreras” y se desplazaba a los pueblos limítrofes. Sin duda, si se hubiera decantado por esta faceta del deporte no hubiera defraudado. 
            Entró a trabajar en CENEMESA-WESTINGHOUSE de Córdoba.
            Conoció a la que hasta ahora ha sido su amor, Conchi Carballido, sesenta años largos de convivencia feliz, de cuya unión nacieron tres tesoros: Jose, Paco y Miki. 
            Atraído por las vivencias de un amigo que se había colocado en Barcelona, decidió probar fortuna y se marchó rumbo a la tierra catalana, en el año 1963, y una vez asentado reclamó la presencia de su esposa Conchi, para instalarse allí de forma definitiva.
             Primero estuvo en Hospitalet de Llobregat y después en San Andrés de la Barca. Ejerció de tornero-fresador en un par de empresas, hasta que conoció a la firma AMES (Aplicaciones deMetales Sinterizados S.A.), trabajando con ellos de forma autónoma, y en la que  ha transcurrido toda su vida. En uno de los pasajes de ese recorrido laboral, fundó la empresa familiar: MECANIZADOS RODRÍGUEZ HNOS. S.L.
            El resumen de su trayectoria, es que ha sido una persona noble, familiar, divertida y un trabajador sin límites.
             Un abrazo y nuestro recuerdo, allí donde estés.           
                                                                                             Paco Bravo Antibón-2020

Sobre Francisco Bravo Antibón

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