Juegos infantiles en Galicia (2ª parte)

Al hilo de lo escrito hace unos días sobre los juegos de nuestra época, allá por los años 60 del siglo pasado, me vinieron a la memoria estos dos, que aunque son individuales, se podían hacer carreras con otros niños. Y las hacíamos.
 
Primeramente tenemos el aro. Que consiste en eso, un aro. Solía ser un aro de las barricas del vino. Normalmente, el aro del centro de la barrica, que era el más plano. Los otros eran más estrechos por un lado y más anchos por el contrario. Había algunos privilegiados que su aro era de varilla de acero. Normalmente, los aros mejores eran los de barricas pequeñas, ya que los de las grandes eran muy aparatosos y malos de dirigir.
 
El aro lo dirigíamos con la guía, que era un alambre, relativamente gordo, y que le dábamos la forma nosotros. Con ellos podíamos hacer carreras, o simplemente andar con él, de un lado para otro.
 
Luego estaba el carretón. Constaba de un eje con ruedas, y una caña para empujarlo y dirigirlo. El eje solíamos hacerlo de una madera que fuera dura, para que tardara en desgastarse con el roce de la caña. Normalmente era de retama. Para que durara más, solíamos engrasarlo con el aceite usado de la cocina.
 
Las ruedas eran de corcho, "corchas". Como supongo que sabréis, las redes con las que pescaban los peces, llevaban en la parte superior unos flotadores que consistían en unas ruedas hechas de corcho (ahora son de plástico), las que se denominaban "corchas". Las había de varios diámetros, dependiendo, claro está, del peso del aparejo (redes). En la parte inferior del aparejo, se colocaban unos plomos para que tensaran la red.
 
Lo normal era que los carretones estuvieran compuestos de eje y dos ruedas, ya que las "corchas" andaban muy escasas. Algunos privilegiados los tuneaban, poniéndole 4 o 6 ruedas. Y el no va más era colocar una "corcha" de las grandes en la caña. De esta manera parecía que manejabas un coche con volante.
 
Normalmente, los utilizábamos para hacer los recados, pero también hacíamos carreras con ellos.
 
Creo que sobra decir, que todo esto lo preparábamos cada uno. Raro era el niño que no tenía acceso a una navaja. Yo tenía una preciosa, delgada, y de unos 10 cm de larga. Las afilábamos en unas piedras lisas que hay en la fuente, que a su vez alimentaba el lavadero (donde nuestras madres lavaban la ropa). Además de afilar nosotros las navajas, nuestras madres, afilaban también allí las hoces. La fuente estaba en el camino hacia las fincas.
 
Con esa navaja me corté alguna vena de la muñeca izquierda. Mis padres no se enteraron, y me la curé yo solito. Conservo una hermosa cicatriz de unos 20 cm de largo.
 
Amadeo
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Sobre Amadeo Otero Fernández

Pintor aficionado que va cumpliendo sus RETOS.

1 comentario

  1. Foto de Amadeo Otero Fernández
    Amadeo Otero Fernández
    Segunda parte contando como eran algunos juegos cuando era niño en la aldea.

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