• Uno de los primeros modelos de lavadora automática. A la derecha, marca Otsein

  • Encimera y chapas de una cocina de carbón.

  • Cocina de carbón, carbonera para el combustible y fregadera.

Recuerdos de... -> LA LAVADORA

Estoy en la cocina de mi casa de Algorta y miro los muebles y aparatos que hay alrededor: lavavajillas, lavadora automática, placas de inducción, microondas, frigorífico, congelador, aspiradora, cafetera eléctrica, campana extractora de humos, horno de vapor que permite también horneas, dorar y calentar platos ya cocinados, plancha eléctrica, batidora,… en fin, los conocidos como electrodomésticos. 

 Retrocedo en el tiempo casi setenta años, hasta 1953. Estoy en mi casa natal de Albiz, en Sestao. En la cocina(1) no hay aparatos a la vista. Los cubiertos y la vajilla los limpia mi amatxu(2) en la fregadera, al igual que la ropa sucia. Los alimentos perecederos –fruta, verdura, leche,…-, los justos para dos o tres días, están en la fresquera. Luego se cocinaran en la chapa de carbón. La escoba y los cubos de aluminio para limpiar el suelo se guardan en la despensa.    
 
La fresquera consistía en un pequeño armario en el exterior de  la ventana de la cocina. En sus paredes y panel frontal, parte de la madera estaba sustituida por una reja metálica que permitía el paso del aire, pero no de los insectos. Así se refrigeraban los alimentos. En invierno cumplía su función; en verano, no tanto.
 
La chapa de carbón era de hierro fundido esmaltado en color negro. Se alimentaba principalmente de carbón, pero también permitía quemar papeles y otros restos que arden. Tenía dos fuegos de diferente diámetro con unas chapas que permitían su abertura para introducir el material combustible. El tiro para la salida de humos rodeaba el horno antes de acoplarse a la chimenea que, junto a las del resto de vecinos de la misma mano, subían sobresaliendo del tejado. Cuando se necesitaba, sobre las chapas se dejaba la plancha de fundición que después utilizaría la amatxu para planchar camisas, pantalones y demás vestimentas. Las cenizas se recogían en la parte inferior de la sala de combustión al cual se accedía a través de una pequeña puerta con picaporte. A la derecha tenía un pequeño depósito en el cual se introducía agua que se calentaba a la vez que la chapa. En dicho recipiente introducíamos los botes de leche condensada –marca “La Lechera”- que al cocerse adquiría un color marrón y quedaba dulce como el caramelo. Entre dos rebanadas de pan era un manjar apetitoso. En  los paquetes que de vez en cuando recibía durante mis cinco años en la Laboral de Córdoba, no faltaba el bote de leche condensada acompañando al chorizo de Pamplona. 

Antes de pasar de párrafo y basándome en lo descrito en el anterior, creo que es el momento de recordar a nuestra  amatxu y a todas las que vivieron aquellos duros años de posguerra, dejando lo mejor de su existencia atendiendo a sus maridos e hijos, la mayor parte de las veces en  familias numerosas o muy numerosas.

 Pero decíamos que estábamos en el año 1953, en el cual aconteció un hecho importante en nuestro hogar. Un día del mes de las flores, de mayo, entró en la casa un aparato voluminoso. Mi madre dijo que era para lavar la ropa. Tenía forma cilíndrica, pero una de las paredes era achatada, casi plana y en ella se veían unas aspas, como las de los motores de los aviones, pero en pequeño. A nivel de la parte inferior del receptáculo salía un tubo que luego supimos que era para vaciar el agua a un balde. En la parte superior destacaban dos rodillos con una manivela. En resumen, como luego la vimos actuar a menudo, por arriba se echaba el agua y la ropa; se le añadía detergente y lejía en forma proporcionada y se enchufaba a la red eléctrica. Podía funcionar a 125 o 220 voltios. Las aspas giraban moviendo el líquido y mareando la ropa hasta que la etxekoandre(3) decidía que ya se había quitado la suciedad. Se cogía el tubo con cuidado y se vaciaba el contenido a un balde de chapa galvamizada. Lo normal era vaciar ese cubo en la fregadera pero, como relataremos más adelante, en los tiempos de sequía y escasez de agua, se guardaba para aliviar el inodoro.
 
Se llenaba de nuevo el recipiente de la lavadora y se ponía en marcha otra vez. Era la operación de aclarado final. Transcurrido un tiempo adecuado, se vaciaba nuevamente. Luego, una a una, se iban sacando las prendas para pasarlas entre los dos rodillos de goma. Estos giraban en los dos sentidos, según el movimiento que se imprimía manualmente a la manivela. Este ejercicio era muy divertido. La ropa no se secaba, pero se eliminaba mucha agua. Después se colocaba en el tendedero que sobresalía del pequeño balcón. Antes se miraba si había ropa en los tendederos de los tres pisos inferiores y en caso necesario se les avisaba a las vecinas, por si la podían recoger ya.        
 
Una vez leído este pequeño relato, mi hermano Santi ha añadido un comentario sobre el bullicio que se organizó en la calle a la llegada del famoso y novedoso artilugio. Casi ningún vecino sabía qué era, pero el jolgorio se debió en parte a que llegó en un transporte curioso: en el carro, tirado por un burro, del carbonero, al que le comprábamos el carbón, hulla o antracita, por kilos. para medir la cantidad usaba una báscula que también nos servía para conocer nuestro peso.
 
Como complemento al relato memorizado diremos que la lavadora era de la marca Otsein (traducido del euskera, es “criado”), empresa vasca que comenzó en 1951 a fabricar lavadoras.
 
Cuando llegó la lavadora a nuestro hogar sólo eramos tres hermanos de 7, 5 y 3 años; luego llegaron otros tres. pero en la cocina había más aparatos "ayudantes". En próximo relatos contaremos cómo fueron llegando, de forma escalonada y me imagino, que dependiendo de las posibiliddes de la economía familiar.
 
NOTAS
(1)- Su descripción se detalló en la pág.¿?, en el apartado de “Mi barrio”.
(2)- Expresión cariñosa en euskera cuando nos referimos a nuestra madre.
)3)- Literalmente “señora de la casa”, pero afectuosamente significa la administradora del hogar por consenso no escrito.
Recuerdos de niñez y mocedad en Sestao (año 1954 - 2º curso de Primaria)  -> VER

Sobre Iñaki Fernández Arriaga

Socio fundador de A.LA.CÓ., la primera asociación de Laborales de Córdoba.

Socio fundador de Aulacor, la asociación nacida del acuerdo entre responsables de A.LA.CÓ. y Ulacor.

Administrador de la web oficial de Aulacor hasta que fue injustamente expulsado y sin derecho a defensa.

Administrdor de esta web de PARANINFO.

Miembro del Consejo de Redacción de la revista PARANINFO.

Coordinador del libro 'RECUERDOS DE LA UNI'

1 comentario

  1. Foto de Iñaki Fernández Arriaga
    Iñaki Fernández Arriaga
    hace unos días comencé a escribir mis recuerdos en Sestao,desde que nací en ese feo y querido pueblo hasta que me fui a estudiar a la Universidad Laboral de Córdoba. Ahora me toca relatar la llegada de la primera lavadora semiautomática a mi hogar natal. Todo un acontecimiento.

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