Recuerdos de niñez... (2ª parte de JUEGOS Y JUGUETES)

En octubre de 1911, en una de las sesiones de la corporación municipal, el concejal San Sebastián expone… “que en las calles de la Iberia, San Pedro, la Vega Nueva y otras del concejo, grupos de jóvenes juegan a la trompa y a las chapas, de una forma tan escandalosa que parece que quieren acometer y asustar a los transeúntes, razón por la que solicita…”[1]. Cuarenta años después, en las calles de Sestao seguíamos jugando a la trompa, las chapas, al chorro-morro-pico-tallo-o-qué, a las canicas, los güitos, las tabas, la comba,… y decenas de juegos más.
 
De entrada se me ocurren dos preguntas. Una, ¿quién y con qué argumento se elegía un determinado juego? Dos, considerando la cantidad de nuevos chavales –chicas y chicos- que iban llegando de pueblos y aldeas remotas, ¿no aportarían nuevos juegos o diferentes modalidades o normas en los ya conocidos? Tengo mi respuesta, pero no voy a escribirlo yo todo. Puede hacerlo cualquiera que lea esto y tenga su propia opinión.  
 
Hace unos días publicábamos la primera parte de los capítulos que dedicaremos a los juegos y juguetes. En éste hay dos narraciones. La primera de Conchi Nubla Zalduendo, que lo expresa así:
 
Tengo un maravilloso recuerdo de mi niñez. Siempre jugaba con los de mi calle[2]. Mi casa era un rectángulo, con un portal a cada lado y ahí vivían casi todos mis amigos. En mi portal vivían 4 hermanas en la planta baja, 3 hermanos en el primer piso, otros 3 hermanos en el segundo y yo en la mano de enfrente. En el otro portal vivía Javi Álvarez[3], Inés y Enma, Humberto, Adolfo y Ana María, en el bajo José Mari.
 
La casa  estaba rodeada de campas lo que nos daba juego para hacer muchas cosas. Nos gustaba jugar a tenderas; con las tapas de las latas, hacíamos los pesos de la balanza y nos montábamos una tienda enseguida. También nos gustaba hacer tumbas; hacíamos un agujero en la tierra, lo llenábamos de flores y poníamos un cristal -en cada una de un color-, lo tapábamos y  con el dedo separábamos  un poco la tierra para verlo; era espectacular.
 
Jugábamos muchas tardes “a guerras”, chicos contra chicas desde la plaza de San Pedro hacia Galindo, y cuando nos veía el Negus -tenía una tienda- nos seguía por toda la campa.
 
Recuerdo con verdadero cariño las maravillosas tardes/noches que pasaba en el descansillo del primer piso de mi portal, oyendo a Chuchín contar chistes, todos ellos de Jaimito. Unos años después Chuchín y mi vecino José Mari, se marcharon un día para hacerse sacerdotes.
 
Más tarde, cuando comencé la escuela primaria, recuerdo que en el recreo de Carlos VII, jugábamos “a matar” en plena calle de la Gran Vía.
Mari Carmen Garoña Montoya relatará cómo jugaban a este juego en Albiz. Será en la 3ª parte.
Uno de los juegos clásicos de chicos en verano, coincidente con la vuelta ciclista era el de las “metas”. Cada contendiente acudía con sus mejores corredores -los más cotizados eran Loroño y Bahamontes- enmarcados en el iturri o chapa de cierre de las botellas de agua. Para proteger la imagen colocábamos un cristal a medida de la chapa y con masilla de cristalero evitábamos que el cromo se escapase. La adaptación del cristal a la chapa era trabajo delicado y de mucha paciencia, lijando el canto con el metal de las cañerías de bajada de agua de los tejados. 
 
En La Piedrilla los participantes solíamos ser Luisito Cosme y su primo Pepito, Fernando Sarachaga –los tres del número 3-, Manolin Escobar, Esteban Urkiaga y yo –los tres del número 5-.  Entre todos, con una tiza, diseñábamos sobre la acera el circuito que iban a recorrer las chapas corredoras. Era importante que tuviesen muchas curvas y picos que simulaban las montañas. Los corredores iban avanzando con la destreza en los dedos de las manos, quedando campeón el que llegaba primero a la meta. Como en la vida real, las discusiones eran continuas sobre si la chapa corredora se había salido del circuito o no. Pero no llegábamos a darnos con la bomba de hinchar la rueda de las bicis,… porque no teníamos. Como Loroño y Bahamonte si tenían llegaron a utilizarla como arma para dirimir sus peleas extradeportivas.  
 
Acabado el verano, y con él la Vuelta, el Giro y el Tour, cambiamos de protagonistas en las chapas y también de escenario. Los enmarcados eran Carmelo, Orue, Maguregui, Zarra,.. Y como no, en las aceras aparecían las líneas de los campos de futbol.
Este relato se iba a publicar ayer 14 de diciembre pero lo tuve que dejar para ir a despedir a un buen amigo, vecino de Albiz en Sestao y ahora en Algorta, él en el 5º y yo en el 8º piso. Fue en el templo de los Trinitarios de Algorta. Al final, su hijo Joseba, nos emocionó a los presentes con la despedida a su aita. Todo lo que dijo de él, lo suscribimos a pies juntillas los que disfrutamos de su amistad durante setenta años. En el año 1968 me fui a la “mili” y Josean Ateca del Amo se hizo cargo de la presidencia del Club Beti Lagunak de Sestao. Descansa en paz Josean; dejas un buen legado y ejemplo para tu familia y amigos.
Cuatro días después, el pasado día 16, también nos ha dejado otro sestaotarra de aquellos tiempos, José Ignacio Peñafiel Ranero. Coincide su funeral con el de Francisco Javier Ugarte Loizaga. Descansen paz los tres. Goian bego.       
 
[1] Página 94 del II tomo de la obra “Sestao…, de aldea rural a concejo industrial” de Eleuterio Gago. Ver BIBLIOGRAFÍA
[2] Calle de Buenavista, cerca de la plaza de San Pedro.
[3] Javier Álvarez Bachiller que marchó a estudiar a la Universidad Laboral de Gijón.
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Fuentes e información -> BIBLIOGRAFÍA
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Sobre Iñaki Fernández Arriaga

Socio fundador de A.LA.CÓ., la primera asociación de Laborales de Córdoba.

Socio fundador de Aulacor, la asociación nacida del acuerdo entre responsables de A.LA.CÓ. y Ulacor.

Administrador de la web oficial de Aulacor hasta que fue injustamente expulsado y sin derecho a defensa.

Administrdor de esta web de PARANINFO.

Miembro del Consejo de Redacción de la revista PARANINFO.

Coordinador del libro 'RECUERDOS DE LA UNI'

1 comentario

  1. Foto de Iñaki Fernández Arriaga
    Iñaki Fernández Arriaga
    Relato que se publica en un día un tanto triste pues coincide con el fallecimiento de Josean Ateca del Amo, del barrio de Albiz de Sestao.

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