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Recuerdos de niñez... (3ª parte de Juegos y juguetes)

En la 2ª parte de los “Juegos y juguetes” se indicaba que en la siguiente tendría espacio Mari Carmen Garoña para explicarnos lo que recuerda de una de sus juegos favoritos: a “matar”. Pero antes permitirme unos párrafos como preámbulo.

Con el que estás leyendo en este momento, son 22 los relatos que van completando, como pequeñas piezas, el puzle de mi niñez; pero, en cierto modo y por contagio, también forman parte de ese puzle los que me rodeaban y compartían penas y alegrías, más de estas segundas. En todos ellos he relatado lo que recordaba –en muchos casos con ayuda de mis hermanos, así como de amigas y amigos que compartíamos juegos y estudios- procurando no herir sentimientos de nadie. A pesar de mis cuidados, entre los mensajes que he recibido aportando datos y comentarios, hay dos quejas que voy a exponer, no tanto para justificarme sino más bien para enunciar uno de los motivos que me impulsa a escribir estas narraciones.

Me gusta la Historia cuando me aporta datos e información suficiente para que yo la analice y saque mis conclusiones. Estos relatos que cubren mis primeros catorce años en mi pueblo natal son mi historia y por eso procuro que los datos sean verídicos. Pero además, no pretendo adoctrinar a nadie. Si en algunos párrafos hago referencia a la dictadura que imperaba en el país, es porque ese era el régimen que gestionaba nuestras vidas y hacienda durante esos años. Pero creo que no lo he valorado ni bien, ni mal, ni entro en las causas del por qué era así. Y si se cita que la desigualdad de género era irritante o que los maestros ejercían el castigo físico excesivo, y otros hechos que hoy consideramos bochornosos, no es por revanchismo, sino porque eran situaciones generalizadas y no puntuales. Y como decía al comienzo del párrafo, me gusta la Historia en documentos originales y experiencias personales.

Otra queja, esta menor, se refiere a la descripción de la cena de nochebuena en nuestro hogar. Cuando lo redactaba ya era consciente de que en muchos hogares de trabajadores –adrede no distingo entre obreros, administrativos, jefecillos, etc.- de aquellos años de posguerra, el capón no era asequible a todas las economías domésticas. Pero es que ahora sucede algo parecido, porque aunque el pollo ya no es artículo de lujo, si lo es el besugo o el bogavante, por poner un ejemplo. Lejos de mi intención hacer alardes de nada; simplemente trataba de describir una fiesta hogareña muy especial, a la vez que describía esos pequeños detalles -como las figuras del nacimiento- que componían caracteres especiales a esas fechas. Para dar una pista del motivo de intercalar este párrafo, añadiré que seguro que “el salchichón, la mortadela y el chorizo pamplona”, también podían ser un motivo especial en los entremeses de una cena navideña.

Ahora es el momento del relato de Mari Carmen Garoña.

En nuestra niñez, uno de los juegos que a las niñas más nos gustaba era el de “MATAR”.

En mi calle, Nicolás Esparza, al ser una de las calles más amplias de nuestro barrio ALBIZ, era donde solíamos desfogarnos.

El juego empezaba, primero, en marcar el campo en el suelo. Éste era rectangular con una raya en el centro que lo dividía en dos partes iguales. Luego, tenía que haber dos capitanas que solían ser las más mayores de la cuadrilla o las que destacaban por ser más líderes.

Éstas se ponían una frente a la otra y paso a paso iban acercándose y la que daba el último paso, que era el pisotón, era la primera en escoger una a una a su equipo, siempre pares, entre las niñas que estaban esperando para jugar y también prioridad para empezar el juego.

El “MATAR” consistía en ir eliminando a todas las jugadoras del equipo contrario. Una jugadora empezaba tirando la pelota con fuerza para tratar de “matar” a una de sus contrincantes. Si la pelota daba primero un bote en el suelo y luego a una persona, ésta no estaba eliminada, si le daba y salía rebotada pero la cogía otra compañera, tampoco estaba eliminada, pero si le daba directamente en su cuerpo y no era capaz de retenerla y caía al suelo (la pelota), ahora sí estaba eliminada.

Entonces ésta “muerta”, pasaba detrás de la raya del equipo contrario y desde su posición podía seguir matando si le llegaban pelotas que sus compañeras “vivas” les lanzaban a sus contrincantes y éstas las esquivaban. Si de esta forma lograba su objetivo, matar, pasaba nuevamente como “viva” a su equipo para seguir jugando.

Así se desarrollaba todo el juego hasta que uno de los equipos quedaba eliminado.

Era un juego muy entretenido, divertido, laborioso y un poco fatigoso. No teníamos gimnasios, como ahora, pero no nos faltaba imaginación para tener nuestro cuerpo preparado para cualquier contienda que entonces se nos presentara aunque termináramos con algún que otro golpe que a nuestras madres las ponía muy “contentas”.

He prometido en el grupo de “No eres de Sestao si no…” que una de las narraciones estará dedicado a los Fielatos, palabra no recogida en el diccionario de la RAE. Si la memoria no me falla, uno de ellos estaba junto a la Alameda Las Llanas, frente al Polideportivo. En ese lugar, el que hoy ocupa la casa que hace esquina con Las Llanas  y las calles Alonso Ercilla y Mariana Pineda, había unos peñascos que sobresalían del terreno de forma abrupta. Para nosotros era “Las Peñas”, y entre ellas jugábamos a indios y vaqueros, con la seriedad requerida en las batallas campales. Imitábamos lo que veíamos en el cine de La Iberia –el Patronato y el Amézaga fueron después-, con la diferencia de que en las películas había muchos muertos –sobre todo entre los indios que eran malos y con caballo lentos- y nada de sangre, mientras que en nuestras guerras no había muertos, pero si sangre en más de una ocasión. Recuerdo que cierto día me capturaron y me ataron a un poste, dejándome allí hasta que un adulto me liberó. No estoy seguro, pero posiblemente había aceptado pelear en alguna tribu india.

Uno de los días encontramos entre las peñas trocitos de oro, como en las películas del Oeste. La alegría nos duró poco pues el padre de uno de los buscadores de oro le convenció de que no era tal, sino un mineral de hierro: pirita. Ese trozo, que aún conservo, fue la primera pieza de mi colección de minerales; luego llegaron el oligisto, la limonita,… Y ahora cientos de fósiles.

Como queda un poco de espacio, Mari Carmen Lestón relata uno de sus juguetes preferidos...
¡Los patines eran la bomba! Algunos estaban hechos con rodamientos que los padres de algunas procuraban en la fàbrica. Los míos llegaron de EE UU y eran muy rudimentarios, pero se estiraban y acortaban, por si te crecía el pie.

Jugábamos chicas y chicos de Los Baños, como los Arkotxa´s y Asumendi´s, mis vecinos Juanjo e Iñaki..., Rosa Mari, una tocaya, Bego Olano...

También era frecuente saltar a la cuerda y las "comedias" que hacíamos en los descansillos de la escalera, los portales o en la propia calle.

Este es el último relato de este año de mal recuerdo. Hoy, domingo 27 de diciembre, será recordado como el Día de la Vacuna. La próxima narración aparecerá con los albores de 2021, con muchas esperanzas depositadas en su transcurrir día a día. Amén.
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Sobre sestao bizkaia

2 comentarios

  1. Foto de Iñaki Fernández Arriaga
    Iñaki Fernández Arriaga
    Hemos localizado una fotografía antigua donde aún aparecen 'Las Peñas'; se ve en la cabecera de este artículo.
  2. Foto de sestao bizkaia
    Este es el último relato de este año de mal recuerdo.Hoy, domingo 27 de diciembre, será recordado como el Día de la Vacuna. La próxima narración aparecerá con los albores de 2021, con muchas esperanzas depositadas en su transcurrir día a día. Amén.

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