Recuerdos de niñez... (alimentación)

Creo que es el momento de introducir un breve paréntesis. Estoy cogiendo fama de una memoria portentosa y debo aclarar que no es para tanto. Lo cierto es que me apoyan y ayudan a cerrar las crónicas con datos más concretos, unos cuantos sestaotarras -de momento, luego serán más-, comenzando por los cnco hermanos que me siguen en orden de edad. Y luego vecinos, amigos, y compañeros de estudios, juegos y aventuras de aquellos venturosos años que no volverán, salvo en los recuerdos. Ahí están los hermanos Garoña, Luis y Mª Carmen, Fernando Revuelta, Mª Carmen Lestón,... y un largo ecetera que irán apareciendo en los escritos futuros.
 
Mi desayuno habitual, desde la vuelta de un viaje por Inglaterra y Escocia, hace más de 38 años, consiste en fruta y tostadas con mermelada, además de café con leche. ¡Ah!, todo ello precedido de las pastillas para los achaques que acumulan los años vividos.
 
Hoy, mientras saboreaba la primera comida del día, mi mente ha retrocedido más de medio siglo y me he visto, con mucho más pelo y muchas menos arrugas en la piel, ante un humeante tazón de sopas con leche y achicoria. Luego he seguido recordando…
 
El pan que había sobrado el día anterior, cortado en trozos, se sumergía en el vaporoso tazón de leche con el sucedáneo del café, convirtiéndose en sopas. Luego, con la cartera a la escuela.
 
¿Cómo llegaba la leche a casa en esos años (1946 a 1960)? Recuerdo a dos mujeres que la traían a casa en pequeñas lecheras. Una de ellas, Margari, vivía en el barrio, en la calle  18 de Julio (hoy Alberto Arrue). La otra, Carmen, tenía un caserío con vacas en Portugalete, en el límite con Sestao, al comienzo del camino de Abatxolo. Mi madre recogía la leche en una cazuela. Después de hervirla retiraba la nata de la superficie. ¡Qué rica con azícar!
 
Antes de proseguir escribiendo sobre las comidas y los alimentos que nos nutrían en nuestra niñez, creo que es fundamental citar las Cartillas de racionamiento. Las guerras, civiles o inciviles, siempre son nocivas y catastróficas para el país donde se desarrollan. Pero lo que viene después, la posguerra, suele ser aún peor… para los que han quedado con vida. Bueno, para los vencedores, menos. Ya se lo dijo a Roma el jefe galo Breno: “Vae victis!” (Ay de los vencidos).
    
Ante la escasez de alimentos para remediar la hambruna que padecía la mayor parte de la población española, el 14 de mayo de 1939 una orden ministerial de la incipiente dictadura estableció el racionamiento de los productos básicos de primera necesidad. Se crearon dos tipos de Cartilla de Racionamiento: una para la carne y otra para el resto como pan, aceite, azúcar, judías, arroz, garbanzos, boniato, tocino, bacalao,… En raras ocasiones se repartía leche o huevos. De la gestión se encargaba la Comisaría General de Abastos y de la distribución las tiendas asignadas para ello.
 
Por lo general, la cantidad asignada cada semana a cada Cartilla era de 100 g. de azúcar, lo mismo de garbanzos o judías, 1 kg. de patatas o boniatos, un cuarto de litro de aceite, un bollito de pan (en los primeros años, pan negro elaborado con centeno) y 200 g. de jabón (no confundir con jamón). La ración mencionada era para un hombre adulto; a las  mujeres y personas mayores de 60 años les correspondía el 80% de dicha ración y a las niñas y niños menores de 14 años, el 60%. A veces se conseguía chocolate de algarroba. Para los fumadores también era obligatoria la Tarjeta de racionamiento. 
 
La pesadilla del racionamiento finalizó en 1952 -el 1 de abril-, cuando tenía 6 años, pero recuerdo que llegué a ver las Cartillas en uno de los cajones del gran armario del dormitorio de mis padres. Dos años antes,en 1950, una empresa catalana sacó al mercado el Cola Cao, que aportaba 378 kcal. por cada 100 g. Y hoy en día, setenta años después lo sigue haciendo. Os suena... "Yo soy aquél negrito, del África tropical, que cultivando cantaba la canción del Cola Cao,...".
 
El racionamiento obligaba a repartir la pobreza, pero los que podían económicamente acudían al mercado negro, dando lugar al estraperlo, muy penalizado si eran cazados por la autoridad. Merece un capítulo aparte.
 
Las primeras tiendas de comestibles que conocí en mi barrio fueron las de Felisa Garrigós, la de Martín Quintana, la carbonería de Rosalia (escarabilla para la cocina, con cucarachas incluidas) y la Cooperativa de Empleados y Obreros Católicos de Sestao. En esta teníamos la libreta nº 171. Hablaremos de la primera en el capítulo dedicado a los inmigrantes, en la jerga de aquellos tiempos, coreanos. De las otras tres en el capítulo sobre el "Vecindario de Albiz y alrededores". Próximas a La Piedrilla estaban las verduras de Isolina, la carpintería de Moneo , la bodeguilla de Alcanadre y la pescadería de Labarga (¿o Vargas?), cuyo hijo Fermín llevaba portes y pescado en su isocarro. El pescado lo traían las sardineras en grandes cubos en su cabeza. Y aunque sus servicios no eran de alimentación, de primera necesidad, hay que mencionar a Paco, el sastre, y a Rojo, el fotógrafo, que vivían y operaban en la calle del medio de La Piedrilla.   
De las comidas caseras recuerdo las patatas con bacalao, las alubias con tocino de untar, el arroz con tropiezos -vísceras de cordero como pulmón, higado o corazón- y sobre todo la sopa de garbanzos de los domingos. De carne, zancarrón con tomate, morcillo de ternera, filete de vacuno y lomo adobado de cerdo. El pollo y el cordero en Navidad. En pescados: sardinas, antxoas, zapatero -japuta o palometa- y bonito al horno de vez en cuando. Cuando se podía, los huevos fritos con patatas que me encantaban; y siguen siendo uno de mis manjares preferidos, a pesar de que dicen que fomentan el colesterol. En la merienda, entre pan y pan, chorizo Pamplona, cabeza de jabalí o unas onzas de chocolate Chobil.[1].
 
Tal como se puede leer en el artículo sobre la escuela en 1954, desde dicho año en la escuela nos daban leche en polvo por la mañana y queso amarillo por las tardes. Un regalo de lo que les sobraba a los americanos de EEUU. A cambio, el régimen del dictador abrió las puertas a la instalación de las bases americanas según el Tratado de 26/septiembre/1953[2].
(continuará)
 
[1] Chocolates Chobil S.A. se constituyó en 1920 con la fusión de cuatro pequeñas empresas: La Dulzura, Caracas, Martina Zuricalday y Aguirre. Ésta última era de la familia del que luego fue el primer lehendakari de Euskadi, José Antonio de Aguirre y Lecube. 
[2] Así se pusieron en marcha las bases aéreas de Zaragoza, Torrejón de Ardoz (Madrid) y Morón de la Frontera (Sevilla), además de la base naval de Rota (Cádiz)
 
* 1950 - Colegio español - VER
* 1952 - Escuela Conde Valmaseda -> VER 
* 1954 - en Carlos VII - 2 -> VER
* Primera lavadora -> VER  

Sobre Iñaki Fernández Arriaga

Socio fundador de A.LA.CÓ., la primera asociación de Laborales de Córdoba.

Socio fundador de Aulacor, la asociación nacida del acuerdo entre responsables de A.LA.CÓ. y Ulacor.

Administrador de la web oficial de Aulacor hasta que fue injustamente expulsado y sin derecho a defensa.

Administrdor de esta web de PARANINFO.

Miembro del Consejo de Redacción de la revista PARANINFO.

Coordinador del libro 'RECUERDOS DE LA UNI'

1 comentario

  1. Foto de Iñaki Fernández Arriaga
    Iñaki Fernández Arriaga

    Siguiendo con la racha de recuerdos de un niño sestaotarra, en esta ocasión tratamos eltema del racionamiento de alimentos en la posguerra.

    El próximo será sobre la saga de los Doueil.

Deja un comentario

You may use these HTML tags and attributes: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>

Este sitio web utiliza cookies propias y de terceros para mejorar tu experiencia con el sitio web. Al continuar con la navegación consideramos que acepta su uso.