Recuerdos de Sestao... (Visitantes ocasionales)

Uno de los últimos artículos publicados en este sitio web versaba sobre la saga de los Doueil, dentro de una sección[1] que dedicaré a las familias que, de formas muy diferentes, contribuyeron durante siglo y medio a mostrar el Sestao de mediados del siglo pasado, hace 75 años. No hubo una razón especial para comenzar por Fabián Doueil y sus descendientes; únicamente que en ese momento disponía de mucha información, poco conocida y debidamente contrastada –en aras de la veracidad- sobre los Doueil, familia muy conocida en Sestao en los años en los que centro mis relatos: 1946-1960. Hay varios artículos más en preparación sobre otras familias sestaotarras. Como Carlos María Ruíz Cortadi indicaba en un foro que no había nombrado a César Villar y Villate entre los señalados en el cementerio de Sestao, le respondo que dicho personaje, militar encumbrado, enterrado en uno de los primeros panteones a la izquierda según se entra al cementerio, también aparecerá en alguno de estos escritos junto a los Villar, Salcedo, Villate y de la Hera.
 
Pero en esta ocasión me han venido recuerdos no de los habituales en el pueblo, sino de aquellos que nos visitaban de forma ocasional.
 
Se calcula que hay más de 15 millones de personas de etnia gitana en todo el mundo. En España, en 1749, había unos 12.000; el 30 de julio de ese año Fernando VI publicó un decreto para su encarcelamiento en masa. Hoy en día están bastante integrados en la sociedad en la que vivimos. Sin embargo, no era así en mi infancia y juventud. Recuerdo que de vez en cuando se presentaban con sus carromatos y montaban su hogar ambulante junto a la tapia del cementerio civil[2]. Allí les permitían estar durante dos o tres días máximo. Luego se desplazaban a otra localidad. En cierta ocasión, con motivo de preguntarles sobre un tema importante para mí, les visité cuando estaban preparando la olla para la comida. Se mostraron afables y con ganas de colaborar, lo cual no deja de ser normal, pero en aquellos tiempos había mucha desconfianza hacia ellos.
 
Charles Rivera Olaskoaga, en una de sus obras[3] relata su experiencia con otra familia gitana nómada que había llegado en tres carromatos, aposentada detrás de la iglesia del Carmen, en Urbinaga.
 
Si la quina “San Clemente” y la de “Santa Catalina” estaban considerados vinos medicinales adecuados para niños (y niñas), la miel, con leche caliente y un chorro de aguardiente, decían que era más eficaz que la aspirina para combatir los resfriados. Sabía que la miel la producían las laboriosas abejas obreras y que los zánganos solo servían para la reproducción. Lo que me resultó una sorpresa es cuando me enteré que las abejas no solo vivían en los panales de la Alcarria[4], sino que habitaban en muchos más lugares. Pero el mielero que anunciaba su producto con un tono de voz inconfundible, lo portaba en unos recipientes de loza cerámica y cuando lo escanciaba salía un líquido espeso, de color amarillento lustroso. A veces, aprovechaba el viaje y también traía quesos manchegos. ¡Queso y miel de la Alcarria! ¡A la rica miel!  
 
En uno de los primeros capítulos, el dedicado a la “lavadora automática” ya se cita al balde, o cubo metálico de chapa galvanizada[5]. Eran pesados, se usaban mucho y lógicamente se estropeaban. ¿Quién los reparaba?; el hojalatero ambulante. Improvisaban en la calle un taller donde analizaban la pieza sentados en el suelo para disponerse a reparar todos aquellos cacharros que por “cuatro perras gordas” quedaban listo para su uso… ¡reciclar y economizar!
 
Eran gallegos, según parece de Ourense, y recorrían las calles sin asfaltar, empujando una  rueda grande con una correa –tarazana-, al mismo tiempo que llamaban la atención de los vecinos tocando un silbato - chiflo- cuyo sonido se asociaba con este oficio; silbaba todas las tonalidades consecutivas, de grave a agudas y viceversa. También alternaba su música reclamo con su potente voz de barítono pregonero diciendo: “el afilaoooooooor; afilo tijeras, navajas, cuchillos,…”. Luego cambiaron la tarazana por una bicicleta y poco después por la motocicleta. Ahora, la modalidad de “usar y tirar” les ha eliminado del mercado, como al resto de artesanos callejeros. También reparaban paraguas.
 
Nos asomábamos al balcón porque habíamos oído la musiquilla que anunciaba su actuación en la otra calle. Cuando se ponían debajo, abrían la escalera, empezaban a tocar la trompeta –a veces el organillo- y empezaba el número. Gitano, cabra, escalera y trompeta formaban parte de la escena. La cabra subía los peldaños y en el último tenía un cilindro de madera sobre el que hacía equilibrio. La recompensa eran las monedas que se les lanzaban desde balcones y ventanas.    
 
Más habitual  era ver a Jacinta, la sardinera, con el pescado colocado sobre su cabeza, en cestas de mimbre que soportaban hasta 20 kg. La falda remangada y la mano alzada. Con esfuerzo y tesón vendía el pescado fresco; incansable, recorría las calles voceando "sardina frescaaaa". Luego, a Jacinta le ayudaba su hijo Martín, empujando un carro de maderas, similar al que se usa en los puertos para transportar las redes. Poco después lo cambio por el isocarro. Al final pusieron una Pescadería en la calle Lealtad –hoy calle de La Libertad-, conocida como Labarga. Cerró el negocio su hija Blanqui.
 
He dejado para el final un recuerdo triste, el de los perdedores, mancos, cojos, lisiados que pedían desde a calle cantando conocidas estrofas y letrillas.
Decía Jorge Manrique[6] que “cómo, a nuestro parecer, cualquiera tiempo pasado fue mejor”. ¿De verdad es así?

 [1]Los que hicieron el Sestao del siglo XX

[2] Por Real Orden, de 2 de abril de 1883, se disponía que en todos los ayuntamientos cabezas de partido judicial de España, o en aquellos mayores de 600 vecinos, se estableciese al lado del cementerio católico, pero respetando el cerramiento de éste y con entrada independiente, un espacio de terreno cerrado destinado al enterramiento de los muertos fuera de la comunión católica, como cementerio civil.
[3] Capítulo VI de “Aquella escuela, este pueblo, Sestao”.
[4] Tres variedades de miel reconocidas: de romero, de espliego y multifloral.
[5] Aleación de plomo y estaño recubierta de zinc.
[6] Poeta castellano del siglo XV que escribió “Coplas a la muerte del Maese Don Rodrigo, su padre
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Sobre Iñaki Fernández Arriaga

1960-61 Transformación Industrial 1961-65 Perito Industrial especialidad Mecánico (2ª promoción) Socio fundador de A.LA.CÓ. y Aulacor. Administrador de la web oficial de Aulacor hasta la injusta expulsión.

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