Rio Cuervo (Torres Calabuig)

Es curioso comprobar cómo entre las tobas y travertinos del nacimiento del Río Cuervo, el agua discurre luminosa, creando una amplia gama de tonalidades que van del blanco, cuando cae en cascada, hasta el lapislázuli, el zafiro o la esmeralda, como un diamante que va cayendo hasta que se vuelve transparente en los remansos donde la vegetación parece que crece a la inversa, es decir, de arriba abajo, como un espejo que no sabe bien dónde empieza o termina el río, hasta que nos mojamos cuando nos acercamos a la orilla. En los días claros, el contraste entre la umbría del bosque a los pies de la Muela de San Felipe y el profundo azul de un cielo limpio de nubes, los colores de la vida discurren intensos entre las tobas, los prados, los claros del bosque, los altos troncos de los pinos y el agua que serpentea desde que el Río Cuervo brota de la quebrada. El sol nos hace guiños cuando atraviesa las ramas y cuando se refleja en el agua remansada, creando estrellas de rayos efímeros que juegan al escondite. El agua circula o se sumerge entre cárcavas, torcas, dolinas, pozas, cuevas, abrigos, abismos, escarpes, simas, pozas, arroyos, quebradas, regatos, torrentes y cascadas configurando la geología del paisaje donde nacen varios ríos, desde el corazón de los bosques de la Serranía de Cuenca, allí donde se difuminan las fronteras de Castilla y el sur de Aragón. La Muela de San Felipe, un imponente farallón amesetado, se yergue aquí, y da lugar al nacimiento del río Cuervo por uno de sus costados y al Júcar por otro. El nacimiento del Tajo no está lejos, como tampoco lo está el del río Guadalaviar, ese que luego, a su paso por Teruel, se llamará, Turia, ambos a los costados de otra de las grandes muelas de los Montes Universales, la de San Juan. También cerca, muy cerca, nace otro gran río, el Cabriel, que más adelante verterá sus aguas al Júcar.
 
A medida que salimos de Valencia, en el autobús que nos conduce a la Serranía de Cuenca por Landete, es viajar al corazón de los Montes Universales. Y allí nacen, a veces en forma de insignificantes regatos y fuentes, y otras creando, cascadas, "quebrantadas", profundas hondonadas, oquedades, barrancos, despeñaderos... numerosos ríos que vierten sus aguas tanto al Mediterráneo como al Atlántico.
 
Por las ventanillas del autobús vemos pasar pueblos, castillos roqueros, torres de iglesias, oteros y todo un mundo que nunca deja de sorprendernos para quienes mirar el paisaje que pasa ante nuestros ojos siempre es un placer añadido y nuevo. Caminar después por la cárcava donde nace el río Cuervo, es pasear entre algunos manchones de nieve, álamos y altos pinos que se elevan desde las laderas, los torrentes y los ocultas torberas, donde si no fuera por las bien señalizadas rutas e indicadores, sería fácil equivocarse para perderse, sumergido en esta naturaleza plena.
 
Más allá, la ciudad de Cuenca nos espera. Hacia allá nos lleva la carretera, con la Luna jugando al escondite entre los riscos, cuando aparece un cartel que nos indica que hemos llegado al Ventano del Diablo. Allí hay que parar para acercarnos a la gran oquedad arqueada que los diablos de la erosión y del modelado Kárstico han formando al borde del profundo cañón donde se encajona el Júcar.
 
 Fdo. Miguel Torres Calabuig
En Altea a 29 de marzo de 2019
 
Ver el reportaje completo en --> Río Cuervo

1 comentario

  1. Foto de Miguel Torres Calabuig
    Miguel Torres Calabuig
    En la última salida hemos recorrido el cauce del rio Cuervo.

Deja un comentario

You may use these HTML tags and attributes: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>

Este sitio web utiliza cookies propias y de terceros para mejorar tu experiencia con el sitio web. Al continuar con la navegación consideramos que acepta su uso.